
Ceuta ha sido atacada. Y el Gobierno de España ha fallado.
Desde Españoles de a pie nos adherimos a todas concentraciones de apoyo a Ceuta convocadas por la sociedad civil.
Decenas de miles de personas fueron concentradas en la frontera y entraron masivamente en territorio español. No estamos hablando de un fenómeno migratorio ordinario. Estamos hablando de un ataque híbrido contra una ciudad española, con la entrada masiva de decenas de miles de personas desde Marruecos.
El resultado: más de cien muertos, abusos sexuales a mujeres y niñas, una población encerrada en sus casas durante semanas y un problema migratorio que está lejos de resolverse.
Lo más indignante no es solamente lo ocurrido en Ceuta. Lo verdaderamente indignante es la respuesta del Gobierno.
UN GOBIERNO MÁS PREOCUPADO POR SU SUPERVIVENCIA POLÍTICA QUE POR ESPAÑA
Mientras una ciudad española sufría una entrada masiva de personas, el Gobierno estaba más preocupado por controlar el relato político que por defender nuestras fronteras y solucionar el problema.
Primero fueron las cifras.
LAS CIFRAS QUE NO CUADRAN
Durante los primeros días asistimos a un auténtico baile de cifras que contribuyeron a minimizar la dimensión de la crisis.
| Fecha | Entradas | Retornados | Permanecían | Fuente |
| 31 de julio | 50.000 | 48.300 | <2.000 | Interior |
| 1 de agosto | 50.000 | 48.300 | <2.000 | Interior |
| 3 de agosto | >60.000 | — | 2.500 | Delegación del Gobierno |
| 4 de agosto | 72.000 | 70.000 | 2.000 | Marlaska / Interior |
| 5 de agosto | 72.000 | 70.000 | 2.000 | Interior |
Y ahora el propio Gobierno reconoce que permanecen en Ceuta al menos 5.000 personas, de las cuales unas 2.000 serían menores extranjeros no acompañados.
¿Por qué se dieron esas cifras a los españoles?
Y si el Gobierno sabía desde el principio la verdadera magnitud del problema, ¿por qué se intentó minimizar? Porque lo importante no era solucionar el problema sino cuidar la imagen del gobierno.
Solo así se entienden las declaraciones de Albares, afirmando que hasta la «última persona» que había entrado irregularmente —«incluidos los menores»— sería repatriada, una afirmación que los hechos posteriores han demostrado que no se cumplió.
¿QUIÉN SABÍA LO QUE IBA A PASAR?
Después llegó el segundo capítulo: ¿lo sabía el Gobierno o no lo sabía?
Desde Defensa se ha señalado que el CNI había informado previamente. Desde Interior se sostiene que no disponían de esa información.
De nuevo, la misma estrategia de distracción: unos departamentos culpan a otros y el tiempo va pasando.
Pero hay algo que sí sabemos: el Estado no estaba preparado.
Ni los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado ni el Ejército estaban preparados.
Y cuando un Estado no es capaz de proteger eficazmente su frontera, la responsabilidad última no corresponde a los funcionarios que están sobre el terreno.
Corresponde al Gobierno que dirige el Estado.
LA POLÍTICA QUE HIZO DE CALDO DE CULTIVO
Después llegó la discusión sobre las causas, en un intento de eludir cualquier responsabilidad política por las consecuencias de la política migratoria del Gobierno de Pedro Sánchez.
Primero se señaló al Tribunal Supremo, a raíz de su sentencia sobre las expulsiones en frontera. Pero las consecuencias de esa sentencia podían haberse afrontado adoptando las medidas necesarias para reforzar físicamente la frontera, como finalmente se hizo mediante la instalación de balizas.
Además, resulta ingenuo pensar que fuera de nuestras fronteras nadie entiende el efecto que pueden tener determinadas decisiones de política migratoria. Tanto otros países europeos como el propio Marruecos han advertido sobre las consecuencias de una regularización masiva no pactada con nuestros socios europeos.
MARRUECOS NO ES EL PROBLEMA. LA DEBILIDAD ESPAÑOLA, SÍ.
Queremos dejarlo claro: España necesita buenas relaciones con Marruecos.
Precisamente por eso resulta incomprensible que esas relaciones se construyan desde la debilidad ante un país con una economía once veces menor que la española, una población un 20 % inferior y un gasto militar aproximadamente seis veces menor.
No queremos un Marruecos pobre, inestable y sin futuro. Queremos un Marruecos próspero, moderno y con oportunidades para sus ciudadanos. Pero una cosa es mantener relaciones de buena vecindad y otra muy distinta es renunciar a defender nuestros propios derechos.
Es difícil creer que la concentración de decenas de miles de personas en la frontera pudiera producirse sin que las autoridades marroquíes fueran conscientes de ello.
También aquí la estrategia parece haber sido sembrar confusión: que si Israel, que si Rusia, que si todo son bulos de la «ultraderecha»…
Las relaciones internacionales se basan en el respeto.
Y el respeto no se consigue felicitando al otro mientras una ciudad española está sometida a una presión fronteriza extraordinaria con intencionalidad política.
El respeto se consigue dejando claro que las fronteras españolas se respetan.
LA LEGISLACIÓN MIGRATORIA TAMBIÉN TIENE CONSECUENCIAS
Tampoco podemos seguir ignorando los incentivos que genera nuestra legislación migratoria.
Una política migratoria seria debe proteger a los menores, pero también debe evitar que el sistema genere incentivos perversos.
No es razonable que un menor extranjero que llega solo a España pueda convertirse, una vez alcanzada la mayoría de edad, en una vía para la entrada y reagrupación de familiares.
Si una política genera incentivos para que los menores sean enviados solos como avanzadilla de una posterior reagrupación familiar, esa política debe ser revisada.
La inmigración debe ser legal y ordenada, organizada por unos gobernantes que tomen decisiones en función de la cultura, la historia y la identidad de la sociedad española.
CEUTA NO ES NEGOCIABLE
Ceuta es España desde mucho antes de que Marruecos existiera.
Sus ciudadanos son españoles. Su frontera es frontera española y, por tanto, frontera de la Unión Europea.
Y defender Ceuta no es una cuestión de derechas o de izquierdas.
Es una obligación de cualquier Gobierno de España que esté a la altura.
Y no aceptamos que, cuando el gobierno falla, la respuesta sea buscar excusas, repartir culpas entre ministerios y esperar a que el tiempo haga olvidar lo ocurrido.
TODOS CON CEUTA
Lo ocurrido en Ceuta no puede volver a repetirse. Y para que no vuelva a ocurrir necesitamos algo más que declaraciones del Gobierno.
Necesitamos que los españoles digamos claramente que Ceuta no está sola.
Desde Españoles de a pie hacemos un llamamiento a todos los españoles para que participen en todas las concentraciones en apoyo de nuestra ciudad autónoma.
Porque defender Ceuta es defender a España.
